Rob Tannion es el director de CRECE’09. Este prestigioso director de escena y coreógrafo australiano nos recibe en la cafetería del Price, con una cocacola y una napolitana. Son las tres de la tarde y empiezan a llegar los artistas de CRECE, para calentar y afinar la función de esta tarde.
Teatro Circo Price: CRECE’09 es un espectáculo que habla de la crisis, personal y social, como un motor para el cambio, para la renovación. ¿Qué herramientas has utilizado para volcar una idea tan abierta en un trabajo concreto?
Rob Tannion: Hemos atravesado diferentes etapas. La primera, funtamental, consistió en conocer a la gente [los artistas de CRECE son 15 jóvenes venidos de toda Europa, cada uno especialista en una técnica circense], ver cómo se relacionaban entre ellos, cómo se relacionaban con su técnica. Me obligué a mí mismo a explorar, a permitir que surgieran las historias sin forzarlas. Yo quería hablar de la separación en una pareja, eso lo tenía claro. Pero una separación no es un hecho aislado; lo importante son los cruces, los reencuentros… Mario Militano [mástil] y Laura Trefiletti [cuerda tensa] representan ahora esa pareja que se encuentra y se desencuentra. Con David Menes [clown y malabares] y Tania Cervantes [cable], sin embargo, íbamos a trabajar también como pareja, pero el proceso ha llevado a otro sitio, a esa historia de David en la fiesta y Tania que le rechaza. Está bien, no se trata de forzar un resultado para que se adapte a una idea inicial mía. Así el resultado es más sincero.
TCP: ¿Habéis trabajado la crisis en su dimensión económica y social?
RT: En la primera semana surgió una acción que funcionaba muy bien. Quince personas en escena, cada una con un cuenco de arroz; y de repente llegaba Mario con un saco de 20 kg de arroz y subía él solo al mástil: era la avaricia. Sin embargo había que elegir de qué tipo de crisis queríamos hablar, para no volvernos locos, así que renunciamos a material como éste.

TCP: ¿Cómo has conseguido llevar a cabo un trabajo colectivo sin que se “descontrole”?
RT: Para llamar colectivo a un trabajo hay que respetar lo que ofrecen todos los artistas. Pero necesitamos una voz, una visión. En este proceso ha habido gente con ideas muy claras: por ejemplo, Lolita Costet y Lennert Vandenbroeck [mano a mano] dijeron desde el principio que ellos no querían ser pareja, sino llevar a cabo una lucha. Yo he hecho artes marciales durante años, así que lo transformamos en algo interesante. Todo ha sido un intercambio. Y de modo constante: yo no llego al estreno pensando que hemos terminado, ni dándome por satisfecho cuando algo funciona bien. Para mí, después de mis diferentes experiencias como coreógrafo y director, lo que cuenta es el ritmo; éste nos da el esqueleto y sobre él podemos quitar e incorporar cosas en cualquier momentos. Lucie Maisha N’Duhirahe y Francesca Hide [número aéreo de doble onda] vinieron el día antes del estreno con una propuesta y la acepté.
TCP: ¿Ha cambiado tu visión de la crisis a lo largo del proceso?
RT: He reforzado la idea de que en cada proceso hay varias crisis, aunque por experiencia estoy acostumbrado a verlas venir. He tenido que decir: “Todos fuera media hora porque no sé ni dónde estoy”, todo esto en un ambiente de vitalidad y energía increíble, trabajando doce horas al día. Así que la asociación entre crisis y creatividad se confirma. En el número de rueda alemana de Diego Díaz tenía clara la imagen del Ave Fénix: dar vueltas cercado por el fuego, y después, se va el fuego y algo ha cambiado.

TCP: En el espectáculo se combinan momentos más solemnes y poéticos con otros más humorísticos, como el de Greased Lightnin’. ¿Qué se quiere contar con momentos como éste? ¿Es una parodia?
RT: Sí, tiene algo de parodia, sobre todo para mí que he trabajado en varios musicales. El personaje de Thomas Dechaufour [mástil] es el don nadie que se cree alguien. Ese número lo habíamos probado con La chica yeyé, pero Thomas propuso Greased Lightnin’ y me pareció que también evocaba alegría y energía. Aún no es satisfactorio ese momento porque a los chicos les cuesta creerse que están en un musical, no están aportando su viaje. Pero incluso aunque odiaran ese número tiene que creérselo, porque si no perjudican a su compañero, no le permiten vivir su sueño. No quiero hacer parodia de la parodia.
TCP: Sabes que utilizar esa canción es arriesgado, porque es una canción que recuerda a muchas cosas, empezando por la película.
RT: Sí, pero no quiero esquivar cosas así. Yo no acudí a Grease, el número surgió con La chica yeyé, y ahora da la casualidad de que encaja con Grease -los monos, los neumáticos- y crea nuevos significados…

TCP: ¿Y qué pasará cuando acabe CRECE?
RT: Es y ha sido una experiencia muy fuerte para los chicos, tan jóvenes, recién salidos de sus escuelas; en un sitio como éste y en un espectáculo como CRECE. Creo que hasta dentro de un tiempo no comprenderán plenamente qué ha significado una experiencia como ésta.
TCP: Muchas gracias, Rob; y mucha mierda para la función de esta tarde.