05
Ago 10

Sigue creciendo

Septiembre no falla: es el mes de CRECE, el proyecto de creación contemporánea de la Escuela de Circo Carampa y el Teatro Circo Price. Este año se cierra la trilogía dirigida por Rob Tannion, que nos ha acompañado desde 2008 como director artístico. Un laboratorio de trabajo, donde artistas venidos de todo el mundo, que acaban de terminar sus estudios de circo, se unen para dar forma a un proceso  fascinante: vídeo, música, danza, texto… CRECE explora territorios desconocidos.

Las cifras del año pasado son apabullantes: 14 artistas de diez nacionalidades dedicaron 250 horas de creación y 100 horas de montaje al espectáculo CRECE 2009. Fueron ocho funciones, a las que asistieron 4.000 espectadores. Un éxito merecido, que se expande todos los años como un rumor: en el Price hay unos chicos fantásticos, que vuelan en el trapecio, caminan por el cable, trepan por la cuerda o manejan la rueda. Lo hacen con la pasión y el valor de los que se encuentran al principio del camino, y están deseando comerse el mundo.

Esta vez, el trabajo girará en torno a los ciclos. En palabras de Rob Tannion: ” Nuestra vida está llena de ciclos y secuencias que se repiten, muchas de las cuales están tan asimiladas que muy raramente nos damos cuenta de ello. Pero sus efectos dominan nuestras vidas. ¿Qué sucede cuando nos encontramos anquilosados en un ciclo sin final del que no podemos escapar? Trabajos que no nos llenan, amores que han crecido aparte, hábitos imposibles de romper… ¿Qué hace que demos un paso hacia lo desconocido? ¿Cómo romper el molde?”. Qué mejor mes para reflexionar acerca de los ciclos que septiembre, ese momento en el que todo se renueva, o, por lo menos, se mira con otros ojos.


28
Jul 10

La diosa del pelo rojo

Catherine D’Lish es la adorada estrella del burlesque americano que pone el broche a ¿Pasión sin Puñales? O mejor dicho, se lo quita, porque el striptease de esta mujer es una sensual danza, en la que corsé y plumas van retirándose para desvelar su belleza. Catherine estuvo el año pasado en el cabaret del Price, y terminaba sumergida en una enorme copa de champán. Esta vez, el número se llama The Bird: Catherine pájaro, alado, azul, se pasea entre las mesas del Price, juega, baila con enorme abanicos de plumas… y finalmente recibe la lluvia,en una inolvidable imagen veraniega.

Entrar en el camerino de la divina D’Lish es encontrar a una encantadora compañera de trabajo, risueña y delicada. Cuenta que ella se inspira en músicas que le gustan, colores que le obsesionan… Catherine es célebre en el mundo del burlesque como diseñadora de vestuario: no en vano colabora con Dita von Teese, y es responsable de algunos de los trajes en ¿Pasión sin Puñales? Trabaja desde la intuición, no sigue un plan preestablecido. Va probando materiales que le gustan y los reúne. No nos resistimos a preguntarle por su famosa melena pelirroja, que cae en cascada a cada movimiento. “Todo el mundo debería usar más el pelo. Es otro lugar con ritmo, otra parte que baila. En este número tengo las manos ocupadas y por eso juego mucho con mi melena”. Catherine responde con sencillez a todas las preguntas, como si quisiera alejarse de toda aura de fascinación que provoca en el escenario. “Lo que me encanta del Price es la cercanía que hay con el público. Puedes comunicarte con la gente, sonreírles, guiñarles un ojo. Están contigo”. Habla de lo bien acogida que se siente en Madrid, de la profesionalidad del equipo técnico y de producción, y sobre todo de su enamoramiento con la Orquesta del Price. “Me casaría con ellos. Me los llevaría conmigo y actuaría con todos por siempre jamás. Son increíbles: nunca se cierran, van desarrollando cada tema musical para acompañarte mejor, te escuchan en escena”. Y es que para Catherine la música es el centro de lo que hace; siempre escoge canciones que sabe que podrá escuchar cien veces sin cansarse, que bailará cada noche con la misma pasión.

La evidencia de que estamos ante toda una señora viene cuando hablamos de los piropos del público. Le pedimos que nos cuente qué es lo más bonito que le han dicho en escena y responde inmediatamente que jamás revelaría eso. “Es un secreto entre cada persona y yo”. Quizá ahí reside el misterio, y el encanto, de Catherine. No es sólo una danza que busca seducir, o provocar, o vender deseo por milímetros. Es un baile secreto, una insinuación de algo que cada uno de nosotros hace suyo.


23
Jul 10

La Banda de las Chicas Voladoras

Son seis, y vienen de Seattle. Han asaltado los camerinos del Price y ahora, a dos horas de que empiece la función del cabaret, se pasean tranquilas: Vivian retoca sus pestañas postizas, Jill muerde una manzana, Dakota descansa tumbada en el sofá… Ellas y sólo ellas, The Aerialistas, han creado un número único, que combina circo y cabaret, humor y destreza. ¿Qué pensarías al ver a una encantadora damita vestida de rosa, ofreciéndote un pastelito de azucar glasé? Y si después la encantadora damita sacara músculo -mostrando un tatuaje digno del mejor lobo de mar- y subiera a pulso por una tela para hacer peligrosos ejercicios de acrobacia, ¿seguirías pensando que la dulzura y la fuerza son incompatibles?

Lara Paxton, nacida en Texas, inició el  movimiento aerialista. “Desde que empezó el proyecto quise mostrar cómo las mujeres pueden disfrutar de la coquetería y la diversión sin dejar de ser fuertes y de trabajar juntas por un objetivo común”. Para ella sus compañeras, Vivian Tam, Jill Schaffner, Adrienne Jack-Sands, Sara Olson y Dakota Blue Rooney, son un claro ejemplo de esa combinación de inteligencia, coraje, e innegable encanto escénico. “En ese sentido somos afortunadas. Trabajamos en una atmósfera estimulante, somos muy rigurosas y queremos que nuestra propuesta tenga sentido y sustancia”.

Hay que decir que decir que las Aerialistas no sólo muestran su número en ¿Pasión sin Puñales? El espectador que entre en la sala, convertida en un glamouroso cabaret para la ocasión, las encontrará paseándose entre las mesas, y a lo largo de la función podrá verlas como un hilo conductor. Adrienne, cuya formación de bailarina clásica se acusa en la elegancia de sus movimientos, explica que “Cuando paseamos entre las mesas y tocamos a la gente no intentamos flirtear, o seducir, sino más bien provocar una reacción. Les soprendemos, nos comemos sus kikos”. “Pero para las mujeres es mucho más fácil dejarse llevar”, añade Dakota. “Los hombres se asustan y piensan que tienen que estar a la altura. Yo siempre toco a los calvos, les acaricio la cabeza”. Todas ríen. Lara se pone un poco seria: “Creo que los directores del espectáculo [Andrew Watson, Cynthia Akanga y Cal McCrystal] hicieron muy bien en ponernos como nexo. Podemos entrar y salir con facilidad, y además interactuar con la gente”. Y con los demás artistas, ¿cómo va la convivencia? Están encantadas, al parecer. Si se les pregunta con quién huirían a una isla desierta, responden que con Aitor Basauri, maestro de ceremonias y con Jacobo Espina, ambiguo derviche cuya entrevista publicamos la semana pasada. No es extraño, dado que comparten con ellos la responsabilidad de conducir el espectáculo: el roce hace el cariño. Pero después, con mucho sentido práctico, añaden que “Sergi Buka [el mago, capaz de doblar rayos de luz] estaría muy bien para ver por la noche, o encender un fuego”.

Falta menos para que entre el público. Hay que dejar la charla, y permitir que la talentosa Banda de las Chicas Voladoras comience a vestirse y a maquillarse. Pero antes nos regalan una primicia: el otro día fueron a comprar dulces a un convento de clausura ”cerca de la Plaza Mayor”, y están valorando la posibilidad de crear un número de Monjas Voladoras. Eso queremos verlo.


13
Jul 10

El misterio de la serpiente y la arena en la pista de circo (y Pamela Anderson)

Jacobo Espina tiene aires de príncipe,  y parece haberse traído varios secretos de Egipto. El Price o El Cairo, el Circo del Sol en Las Vegas  o Ibiza, da igual: él puede transformar cualquier escenario en una experiencia fascinante. Parece mentira, pero esta criatura de proporciones apolíneas y andares de gato persa nació en 1978 en Madrid. A los quince años ya bailaba tango y flamenco, y por una casualidad de la vida, entre clase y clase del instituto, acompañó a unas amigas a clase de danza oriental. Ahí empezó todo.

Teatro Circo Price: Pero, Jacobo, ¿cómo te decidiste a aprender tú también? No es frecuente que un hombre se dedique a hacer danza oriental.

Jacobo Espina: Claro que sí, hay muchos hombres que lo hacen. Yo aprendí mucho en Madrid de un maestro sirio, Fahd Khayali. Luego me fui a Egipto, antes de entrar en la Facultad. Iban a ser tres meses iniciales, que se convirtieron en siete. Allí mi maestro fue Suher Saki. Fue una experiencia maravillosa. Empecé a bailar en bodas; al parecer da buena suerte invitar a extranjeros a las bodas, y como yo vivía en un barrio popular, no paraban de convocarme. Me pegué unas fiestones inolvidables.

Teatro Circo Price: ¿Y qué hiciste al regresar a Madrid?

Jacobo Espina: fundé mi estudio de danza, que sigue en activo, Siwa Danza. Empecé a trabajar junto a Dalila; ella fue una bailarina de flamenco que en los 50 se fue a Teherán. Me insistía mucho en cuidar la puesta en escena, en maquillarme bien, en no ser perezoso a la hora de preparar “el envoltorio”, que al fin y al cabo sirve para presentar una técnica ante el público.

Teatro Circo Price: Y de Dalila… a Las Vegas.

Jacobo Espina: Ella había vivido quince años en Las Vegas. El mes en que fallece, me llama el Circo del Sol para trabajar en Zumanity, su nuevo show, un cabaret erótico, con vestuario de Thierry Mugler. Yo bailaba con una serpiente pitón, el primer animal que utilizó el Circo del Sol.

Teatro Circo Price: ¿Y qué tal la experiencia con la serpiente?

Jacobo Espina: Acabaron quitándomela… un día vino Pamela Anderson a ver el show, y cuando descubrió la caja tan pequeña en que vivía la serpiente, se indignó. Decidieron retirarla. Cosa que agradecí, porque pasaban los meses y la serpiente seguía creciendo, echando kilos…

Teatro Circo Price: Pero volvamos a ese Madrid de principios de los noventa, donde estudiaste Historia del Arte en la Universidad Autónoma. ¿No era un entorno muy gris después de la experiencia en Egipto?

Jacobo Espina: Para nada; yo tenía mi club de fans en la facultad. Actuaba cinco o seis veces por semana, en los garitos más lumpen. Iba acompañado de un stripper. Imagínate; bailé en Pasapoga, Om, Space, Fabrik… todas las discotecas de Madrid. Pasaba los veranos en Ibiza, en el Café del Mar. Presentaba sus discos de chill out y me llevaron a todas partes: Japón, Bélgica… me trataban muy bien.

Teatro Circo Price: Te iba a preguntar si Las Vegas te cambió la vida, pero veo que con tanta agitación, quizá no notaras la diferencia.

Jacobo Espina: Las Vegas fue un paso adelante, una profesionalización. De repente estás rodeado de un equipo impresionante, el trabajo tiene muchísima calidad. Ya no das la lata a todo el mundo para que venga a verte, otros hacen ese trabajo por ti.

Teatro Circo Price: ¿Y cómo es vivir en Las Vegas?

Jacobo Espina: Vivir en Las Vegas es como vivir en una peli. Estar rodeado de farándula día y noche; de repente encontrarte en la fiesta de Halloween de Marilyn Manson, otro día en casa de Liza Minnelli, Pamela Anderson te pide que desfiles con camisetas diseñadas por ella… la limusina nos recogía muchas veces al acabar el espectáculo porque organizadores de fiestas privadas querían gente guapa.

Teatro Circo Price: O sea, que es difícil hablar de vida cotidiana en Las Vegas.

Jacobo Espina: En Las Vegas no hay “mañana”. Es un concepto difuso. No recuerdo haber hecho muchas cosas por las mañanas… quizá una vez que fui al Gran Cañón en helicóptero.

Teatro Circo Price: ¿Qué te hizo dejar aquella vida?

Jacobo Espina: Ten en cuenta que yo había hecho ya 2.200 funciones; llevaba 5 años viviendo en Las Vegas. Había que decidir entre volver a Madrid o establecerse allí… y no me veía con cincuenta y pico en Las Vegas. Los valores vitales y de amistad son diferentes en Estados Unidos, difíciles para nuestra cultura. En Estados Unidos, si uno tiene problemas de salud o laborales, la vida te cambia rápido. Sinatra dijo una vez “Un amigo con problemas, es la peste”. Era medio broma, pero es un poco así: en Estados Unidos la amistad es fantástica cuando todo te va bien. Y luego está la costumbre de las demandas, los juicios… allí cualquier cosa acaba en los juzgados. Haciendo el trabajo que yo hago, con desnudos, con ambigüedad, es delicado. En todo caso, si hubiera sido una gira, probablemente hubiera aguantado más. Pero Las Vegas es dura de resistir.

Teatro Circo Price: ¿Y cómo fue la vuelta a Madrid?

Jacobo Espina: Al volver, noté las dificultades de la situación económica. Ahora trabajo con caballos, y encontré apoyo para poder hacerlo; pero es difícil moverlo y presentarlo. Estoy deseando presentar mi espectáculo ecuestre en Teatro Circo Price.

Teatro Circo Price: Centrándonos en ¿Pasión sin Puñales?, ¿cuál es el momento que más disfrutas del cabaret?

Jacobo Espina: mi momento con Catherine D’Lish [burlesque], es un momento muy sencillo y delicado, que ha surgido por necesidad técnica, y ahora me encanta.

Teatro Circo Price: ¿Y por qué crees que gustas tanto al público?

Jacobo Espina: El Price me lo ha puesto fácil. Son números muy agradecidos, muy bonitos. Además,  cuando hablo y la gente descubre que soy de aquí, se ilusionan, pueden identificarse.

Teatro Circo Price: Hay además dos momentos en que la gente te aplaude mucho: cuando giras y giras como un derviche, y cuando empleas el látigo. ¿Por qué será?

Jacobo Espina: Las vueltas que doy proceden de una técnica sufí, son relajantes. Yo medito cuando el público está entrando. Y en cuanto al látigo… no sé, será porque se imaginarán qué podrían hacer ellos con un instrumento así [risas].


06
Jul 10

“El cabaret es una oportunidad para no tomarnos tan en serio a nosotros mismos”

Entrevistamos a Andrew Watson, director de ¿Pasión sin puñales?, el cabaret que se estrena hoy en Teatro Circo Price. Este perfecto caballero  inglés es el responsable de algunas de las últimas producciones del Circo del Sol, como Varekai o Zumanity. Llegó a los ensayos del cabaret directo desde Macao, donde prepara un nuevo espectáculo para Dragone, The House of the Dancing Water. Todo un ingeniero del entretenimiento, capaz de inventar una velada mágica en cualquier lugar, con artistas venidos de todos los países y  todas las disciplinas.

Andrew nos atiende en la cafetería del Price, donde repone fuerzas con un pincho de tortilla. Cada día se ajusta un poquito más el espectáculo: se retocan coreografías, se aligera el ritmo… lo cual quiere decir que son las cinco de la tarde y él no ha comido.

TEATRO CIRCO PRICE: Andrew, tú eres el director artístico de ¿Pasión sin puñales?, pero te acompañan Cynthia Akanga, adjunta a la dirección y responsable de las coreografías, y Cal MacCrystal, responsable de la dramaturgia. ¿Cómo y cuándo se formó este equipo?

ANDREW WATSON: Conocí a Cal gracias a Varekai, del Circo del Sol. Yo quería comedia para el show, y fui a Belfast a ver el espectáculo de su compañía, Spymonkey. Me encantó. Luego coincidimos en Zumanity, el cabaret erótico del Circo del Sol, y allí los dos conocimos a Cynthia. Desde entonces, siempre que tenemos la oportunidad de trabajar juntos lo hacemos. Nos entendemos a la perfección.

TEATRO CIRCO PRICE: ¿Cómo conseguís reunir en escena a artistas tan dispares?

ANDREW WATSON: Teníamos un objetivo en común: no queríamos una sucesión de números, sino que el espectáculo tuviera carácter. Queríamos implicar a todos los artistas en los números de los demás; para eso creamos situaciones que les lleven a conocerse, y a pasárselo bien. También nos importa sumergir al público en el espectáculo. Que no esté pasivo, que de repente se vea rodeado por los artistas. Un ejemplo de estas “invasiones” es el número de la coreografía de las Pussycats, las gatitas, en el que Marina [Bouglione, número de cuerda lisa] y Nathalie [Enterline, malabares con bastón y sombrero] están entre el público, cantando “miau” con el micro.

TEATRO CIRCO PRICE: ¿Qué puede ofrecer como género el cabaret en el siglo XXI?

ANDREW WATSON: Creo que es una oportunidad para el público, para relajarnos y no tomarnos a nosotros mismos tan en serio. El divertimento es importante. Una tarde para reírse, asombrarse, ver combinaciones imposibles que generan belleza… El cabaret y las varietés son una experiencia tremendamente rica, y no dejará de estar nunca de moda. Además, huye de toda gravedad, de toda solemnidad intelectual; es mucho más sencillo que eso. Es accesible.

TEATRO CIRCO PRICE: Has trabajado en el Circo del Sol y ahora preparas The House of the Dancing Water en Macao. ¿Afrontas estos trabajos de un modo diferente al de un cabaret como éste, más íntimo?

ANDREW WATSON: En Macao dirijo a 76 artistas en escena moviéndose a la vez. Hay agua, lluvia, fuego, la gente vuela por los aires. Hay un impresionante equipo de buzos. Al ser tan grande puedo crear cosas que si no no haría nunca, imágenes que conmoverán al público. Sin embargo, en el cabaret no necesitamos tecnología. Es la relación con el público lo que importa. Yo personalmente prefiero el trabajo más íntimo, me gusta más. ¡Si vieras la cantidad de ordenadores que son necesarios para el espectáculo de Macao! Y el cambio que fue coger el avión hasta Hong Kong, luego escala en París y ya estaba aquí, en Madrid, directo del avión al ensayo en el Price. Pero estoy muy contento de estar aquí.

TEATRO CIRCO PRICE: ¿Echas de menos tus tiempos de acróbata?

ANDREW WATSON: No lo echo de menos. Yo quise dejarlo para ser director artístico. Los años pasan y siempre he trabajado de esto; no añoro estar delante del público, porque de alguna manera estoy. Creo que nunca dejaré de dirigir, aunque sean cosas pequeñitas. La gente, los lugares que conoces… este trabajo es una bendición.

TEATRO CIRCO PRICE: Y ahora, la pregunta exótica. Si todos los artistas de ¿Pasión sin puñales? acabaran en una isla desierta, ¿quién crees que construiría la cabaña?

ANDREW WATSON: Creo que la construirían entre todos.

TEATRO CIRCO PRICE: ¿Quién pescaría los peces con un palo?

ANDREW WATSON: Jacobo [Espina, el misterioso derviche, capaz de agitar látigos y velos por igual].

TEATRO CIRCO PRICE: ¿Quién ganaría jugando a las películas?

ANDREW WATSON: Aitor [Basauri, maestro de ceremonias, con la lengua tan suelta como el peluquín].

TEATRO CIRCO PRICE: Y por último, ¿quién se fugaría a nado a pesar de los tiburones?

ANDREW WATSON: Lo pasarían tan bien que se quedarían a vivir ahí. Siempre que hubiera un bar [risas].

TEATRO CIRCO PRICE: Muchas gracias, Andrew. Estamos impacientes por ver el estreno…


23
Jun 10

Aquí hay pasión

Receta para un cocktail embriagador: invente una noche de verano redonda como una pista de circo. Sobre la noche, coloque todos los ingredientes y asegúrese de que cada uno tiene un sabor diferente. El picante de la reina del burlesque, la divina pelirroja Catherine D’Lish. La dulzura de seis acróbatas, Las Aerialistas, con su número “Cupcakes”. El ácido humor de Aitor Basauri, maestro de ceremonias. El exótico toque de cardamomo de un ambiguo derviche que gira y gira con su extraña danza oriental (Jacobo Espina)… Más ingredientes:  la suavidad de una Perla Preciosa, la tragasables que dejará atónito al respetable con la exhibición de sus capacidades. Dos caballeros, Strahlemann & Söhne, que empiezan haciendo malabares y acaban dando una lección de humor y estilo. Mézclelo, sin permitir que ninguna de las criaturas pierda su sabor original, con unos rayos de luz del mago visual Sergi Buka. Haga que una fabulosa campeona de mástil, Gala, lo suba de arriba a abajo por la barra, y que una misteriosa rusa (Marina Bouglione) lo enrede con sus acrobacias de cuerda lisa; pídale a una graciosa americana, Nathalie Enterline, que  baile encima con su bastón y su sombrero. De la sal se encarga un pianista que observa desde un rincón oscuro todo el proceso, y que por lo tanto conoce todos los secretos: Alfonso Vilallonga. La fórmula mágica la lleva una funambulista, Molly Saudek, a lo largo del cable, sin perder el equilibrio para que no se derrame ni una gota. Agítelo al ritmo de la Orquesta del Price, y ya está, listo para beber. Imprescindible para calmar nuestra sed de verano. El Cabaret del Price. ¿Pasión sin puñales? Es un placer estar con todos ustedes de nuevo.


14
Jun 10

¡Danzad, malditos!

 

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios”. No es sólo el coro final de Pedro Navaja, ese temazo final que se marcó la Orquesta del Price junto a Pepín Tre. También fue lo que pensaron muchos al ver la pista llena de entusiastas del baile de todas las edades y condiciones: chicas con flores en el pelo, chicos bien entrenados, lentejuelas y pantalones vaqueros, peinados a lo años 30 y bronceados de Benidorm. Todo el mundo, tan diferente, estaba allí por lo mismo: recuperar el baile con música en directo. El incombustible Pepín Tre, descacharrante como siempre, hilando una locura con otra y conduciendo al resto de la tribu de Danzad Malditos: la enfermera Socorro (Malena Gutiérrez), que repartía agua y pastillas (de gominola) a los acalorados bailarines, y las feroces árbitros Hernández y Fernández (Julia de Castro y Patricia Blázquez), que, silbato en mano y patines en los pies, mantenían el desorden en la pista.

Momentos estelares: 1) Pepín Tre pone a todo el mundo a correr en círculo por la pista, emulando la célebre escena eliminatoria de Danzad, danzad, malditos (la película de Sydney Pollack). Suena Galop Sersé, uno de los muchos intrépidos temas que se pudieron escuchar del maestro Mario Barceló, director de la orquesta del antiguo Circo Price desde 1960 (no está de más recordar aquí lo que se dijo allí: si alguien se quedó con ganas de llevarse estos temas a casa, puede solicitar el disco Mario Barceló, In memoriam, en el correo info@teatrocircoprice.es). Al acabar el carrerón, la enfermera Socorro va ofreciendo a los más desfallecidos una bandeja de magdalenas “para pasar el trago”.  2)Otro momento memorable: cinco parejas finalistas, a cual más variopinta, quedan solas en la pista. La orquesta los despista pasando de un género a otro: bolero, cha-cha-cha, pasodoble… no hay un claro favorito. 3) Pepín Tre busca al árbitro y la pilla besándose apasionadamente con un concursante. “Hernández y Fernández, yo iba en serio. Me parte usted el corazón”. El árbitro, sin bajarse de sus patines, le canta Bésame mucho y acaban fundiéndose en un nuevo beso, esta vez de reconciliación. 4)Momento karaoke: ¿alguien quiere subir a cantar? ¡Todos a la vez no! Diez personas en el escenario cantando Guantanamera y I will survive, con coreografía y todo… y un espontáneo que se lanzó a gritar, micro en mano: “¡Aunque llegue la muerte, no lo olvidéis, Danzad Malditos en el circo Price…!”.

El baile era un recuerdo de los antiguos maratones de danza de los años 30 en el circo Price. Sólo duró dos horas, pero nos hubiéramos quedado unos días más, por fidelidad a la historia y por placer…


08
Jun 10

Baile de resistencia

“En el momento de suspenderse el campeonato, llevaban bailando 1.115 horas, y desde las mil el baile era ininterrumpido”. Madrid, febrero de 1933. 52 parejas compitiendo durante semanas por un premio en metálico. Casi dos meses de espectáculo; el público podía acudir a cualquier hora del día o de la noche.  Así se las gastaba el antiguo Circo de Price, que como ya sabemos todos, fue durante décadas uno de los epicentros de la vida cultural madrileña. En los primeros 30 del siglo pasado la ciudad bullía de agitación, con una Gran Vía recién estrenada y rodeada de palpitantes escenarios. Uno de ellos, muy cercano, en la Plaza del Rey, era el Price. Circo, lucha libre, boxeo, teatro, recitales de flamenco… y maratones de baile.  

Este sábado, 12 de junio de 2010, queremos recordar aquellos campeonatos de resistencia. “Danzad Malditos”:  baile con orquesta, con Pepín Tre como speaker, y la flamante Or questa del Price presentando “Mario Barceló. In memoriam”, el disco que recoge los temas originales del director de orquesta del antiguo Price. Cha cha cha, swing, mambo, rock… Los asistentes llevarán llevarán dorsales en la espalda, y los  árbitros se encargarán de poner orden, bajo las extravagantes indicaciones de Pepín Tre, ese cómico desternillante que nos cautivó en La lucha libre vuelve al Price. Pero que nadie se asuste: esto no es un concurso; es sólo un recuerdo, un homenaje. A la película de Sidney Pollack “Danzad Malditos Danzad”, al gran  Mario Barceló, al Madrid aquél. Como decían los antiguos periódicos allá por el año 32: “Esta noche, todos al Circo de Price. Viva la alegría”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


26
May 10

Cómo resistir nuestra herencia

Una sirena enredada en basura marina. Un hombre que desayuna dinero. Un niño-ángel, con unas alas fabricadas a mano, que se eleva sobre la pista de circo y nos muestra un cartel con un mensaje: HAZ LO QUE DICES QUE VAS A HACER. Parece un cuadro del Bosco en pleno siglo XXI, pero no es ni más ni menos que Propaganda, el último espectáculo de Acrobat. ¿Quiénes son estos quijotescos acróbatas que han traído a escena (casi) todos los temas que nos preocupan, desde la imposibilidad de escapar a la sociedad de mercado hasta la responsabilidad de dejar un mundo, y qué mundo, a nuestros sucesores?

Acrobat es la compañía formada por Jo-Ann Lancaster y Simon Yates, pareja  -matrimonio, de hecho- de cirqueros que ha creado todos sus espectáculos en el patio trasero de su casa, en Albury, Australia. Quieren unir el lenguaje de circo (acrobacias, trapecio, técnicas como el mástil o la báscula) a los asuntos que les preocupan. En 2008 visitaron el Price con su inolvidable Smaller poorer cheaper (“Más pequeño, más pobre, más barato”), con el que recorrieron el mundo entero.

Algo ha cambiado desde que vinieron aquí hace dos años. Ahora les acompañan sus dos hijos en la pista, los pequeños Fidel y Grover, de cinco y siete años. No en vano Propaganda es el intento de construir para ellos un mensaje con el que puedan enfrentarse al mundo. Jo-Ann y Simon quieren decirles a sus hijos que se puede vivir de otra manera y que no se desanimen, por muy duro que tengan que luchar.

En el estreno del lunes (Propaganda estará en el Price sólo hasta este domingo, dentro del Festival de Otoño en Primavera), el público recibió con entusiasmo la propuesta de esta peculiar familia. Todos nos damos por aludidos cuando se habla de consumismo, de tristeza ante la pérdida de ideales, de pequeñas esperanzas a pesar de todo. La sirena trepa por la cuerda porque quiere subir arriba, salir del fango al que la han condenado. La bici, conducida por Simon, se convierte en una criatura todopoderosa. Los dos niños no pierden de vista a sus padres y, muy serios, disparan confeti cuando su padre da un salto mortal y queda suspendido del trapecio. Porque eso es lo único que deberíamos disparar, siempre. Confeti.


20
May 10

Un amour qui aime

Empieza la función. Los diecisiete intérpretes de la compañía XY comienzan a adentrarse en la pista, muy tranquilos. Cruzan, se miran, se preparan. Entra en escena un elemento, uno de los pocos que utilizan: un pequeño tronco de leña. Van probándolo. Con este principio, sereno y fluido, nos están mostrando sus armas: unos cuerpos que confían unos en otros, y una complicidad en todas las miradas. El público se contagia de su tranquilidad; nos dejamos llevar del brazo de estos chicotes como si asistiéramos a un baile. Pero, poco a poco, va creciendo algo, un hormigueo: suavemente los chicotes se han convertido en unos acróbatas impresionantes, capaces de ejecutar los saltos más inverosímiles. Siempre con un sentido del humor y una sencillez incontestables.

Le grand C es un regalo, un ejercicio de elegancia e inteligencia. El público se da cuenta en seguida y aplaude cada uno de los guiños, de los saltos, tan arriesgados como delicados. Se oyen murmullos que dicen “No, eso no!” o “¿Están locos?” “¡Halaa!”. Las risas entran a tiempo, pero los aplausos a veces duran hasta bien empezado otro número.

La compañía XY nació en la Escuela de Circo de Lomme, Francia, en la clase de acrobacia de Abdeliazide Senhadji.  Ahora este profesor es uno más entre sus antiguos alumnos, y todos juntos forman un equipo. Sería imposible realizar ninguna de las proezas sin una confianza absoluta: imposible lanzarse de espaldas desde una torre de tres personas si no confías en los de abajo…